Desde sus inicios se ha centrado en el cuerpo de la mujer, en pinturas a gran escala, desde perspectivas poco usuales, con cuerpos que se asemejan a montañas de carne, con predilección por mostrar zonas genitales, o imperfecciones y heridas en la piel. Normalmente ocupa su cuerpo como referencia pero no realiza autorretratos.
En sus pinturas ofrece un paisaje de carne, que tiene una carga psicológica profunda y perturbadora.
En su trabajo siempre se asoma la angustia, como si dejase claro la fragilidad que bien representa la piel, es capaz de ofrecer dolor y placer, pinta a la mujer real sin ningún tipo de idealización, sin buscar la belleza, sólo la veracidad, realizando lo que ella denomina: paisajes de cuerpo.

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